Kier en Homo Sapiens de Rosario

En un acuerdo con la librería Homo Sapiens de Rosario, hemos realizado nuestro segundo viaje a esa ciudad con la presentación de una autora de nuestra Editorial. Esta vez ha sido Sandra Román, autora de LOS ROSTROS DE LA DIOSA, que tuvo una muy buena acogida tanto en la presentación de su libro el viernes 7 de octubre de 2005, como en el taller que realizó el sábado 8, para el uso de las cartas que acompañan a su libro. Transcribimos parte de la entrevista que le realizara la periodista Nora Kowalczyk en el programa LA BUENA VIDA. Muchas gracias a todos.

LOS ROSTROS DE LA DIOSA
Párrafos extraídos de la entrevista a Sandra Román, autora del libro LOS ROSTROS DE LA DIOSA, por Nora Kowalczyk en el programa “La Buena Vida”, emitido por Radio 2 de Rosario.

- Vas a estar en la librería Homo Sapiens, presentando tu libro LOS ROSTROS DE LA DIOSA, que trae un mazo de cartas. Este tema es muy nuevo para el Hemisferio Sur. Hay mucha gente que puede pensar que es algo esotérico… ¿Para qué me sirve aprender sobre la Diosa? ¿Qué tienen que ver las Diosas conmigo?
- Tiene todo que ver porque la Diosa es nuestra Creadora y nuestra Madre. Sucede que la gente se olvidó de esto, porque hubo tanta conspiración en Su contra que hicieron que nos olvidáramos de Ella. Pero no del todo, porque es tan fuerte Su presencia y es tan verdadera que no puede morir jamás y su recuerdo está guardado dentro de mujeres y hombres, en nuestra memoria celular y en nuestros cuerpos sutiles. Hay gente que puede creer esto o no, pero yo creo que todos tenemos muchas vidas y en algunas de ellas hemos estado en contacto con la Diosa. Además, es imposible que esto no sea así ya que la religión de la Diosa tiene mucha más antigüedad que las religiones patriarcales. Se han encontrado figuras de Diosas que tienen entre 30.000 y 60.000 años, mientras que las religiones patriarcales solo tienen entre 4.000 y 5.000 años, aproximadamente.

- ¿Las religiones patriarcales “arrancan” en Grecia?
- Grecia es la bisagra entre el mundo matrifocal y la cultura actual. El panteón griego tiene igual número de diosas que de dioses, pero el poder se reparte entre los dioses masculinos y  estos suelen raptan y violar a las diosas que por lo general son caprichosas y vengativas. Las diosas griegas encarnan todo lo que nos hicieron creer acerca de ser mujer: son chismosas, celosas… eso no es ser una diosa. Son estereotipos creados por la cultura sobra cuya base se funda toda nuestra civilización actual. Es por eso que los primeros libros que nos han llegado acerca de la Diosa hablan sobre las diosas griegas como espejos de la mujer actual. Tal es el caso de “Las Diosas en cada Mujer” de la analista jungiana Jean Shinoda Bolen. Ella habla de 7 diosas básicas que han servido para despertar a muchas mujeres y las han hecho recordar, re-conocerse.

    Pero si bien Shinoda Bolen las toma como “arquetipos” yo no siento que realmente lo sean, ya que más bien representan estereotipos culturales; son energías que han sido deformadas, re-orientadas hacia lo masculino y segmentadas. Originalmente la Diosa es una, es omnipresente y lo abarca todo. Está tanto dentro como fuera de las personas y de todo. En cambio la mitología griega la fragmenta en diosas menores y limita sus roles. Por ejemplo: Deméter es madre y Atenea es inteligente, con lo cual de algún modo se limita también a la mujer. Muchas de nosotras nos hemos educado con la idea de que las mujeres lindas no son inteligentes o al revés, o creyendo que si una mujer se dedicaba a ser madre no podía a la vez ser una mujer dedicada a los negocios. Aún hoy seguimos escuchando pensamientos limitadores como estos, que no son más que tonterías que se dicen con pretendida autoridad y que nos han hecho sufrir mucho tanto a las mujeres como a los hombres. Porque nos limitan a cumplir roles rígidos y nos condenan a no convertirnos en personas completas.

   Por eso necesitamos conocer cómo eran los verdaderos arquetipos, para poder recuperar nuestra verdadera esencia. Para eso nos sirve conocer a las diosas, nos proporcionan espejos en los cuales nos podemos re-conocer.

   El volver a conectarnos con la Diosa significa volver a integrar la Energía Femenina a nuestra vida. Es lo que nos va a permitir realmente salir adelante y que podamos tener encuentros verdaderos entre mujeres y hombres. Los hombres también han perdido a la Diosa y con Ella a una parte muy importante dentro de sí mismos.

    En mis talleres hay mujeres y también hombres y realmente es maravilloso ver lo que sucede cuando ellos re-conectan con la Diosa.

- En general los hombres se avergüenzan de esa energía femenina que tienen naturalmente y que los hacen ser tiernos, comprensivos, amantes de sus hijos. Es una impronta cultural muy fuerte…
- Sí, el problema es que esta alienación se sostiene a pesar de que nadie se siente bien en este modo en el cual estamos viviendo. Es importante que todos tomemos conciencia de que es preciso cambiarlo.

      Cuando escribí este libro, lo hice pensando en las mujeres. Pero realmente es impresionante comprobar cómo los hombres que lo leen pueden darse cuenta de muchas cosas y también mejorar su manera de pararse frente a la vida.

       Comencé pintando las imágenes como una necesidad y una vez que quedaban plasmadas en el papel me preguntaba quiénes serían estas mujeres que me miraban de ese modo tan profundo y cómo es que ellas habían estado viviendo dentro de mí. Pero luego cuando lo mismo empezaron a sentir las mujeres que veían estos dibujos, entonces comencé a pensar que provenían de un lugar que es común a todas las personas. Ellas son parte de nuestra esencia. Y es por eso que “funcionan”.

- Estoy fascinada con tu libro, lo estoy subrayando todo y pienso usarlo mucho porque es un libro muy sabio. Las mujeres de a poquito estamos ocupando lugares que nos han sido negados durante siglos, en la política, en el arte, en la literatura…
- En realidad, yo no creo que la política sea un lugar para la mujer, porque ha sido creada por los hombres y para los hombres. Y las mujeres que trabajan en política deben someterse a las reglas creadas por ellos si quieren sobrevivir y ocupar algún espacio. Por eso lo que yo creo es que tenemos que ir hacia un nuevo tipo de sistema de gobierno, que aún no ha sido creado y que contemple aquello que es verdaderamente femenino. Necesitamos crear algo nuevo. Pero lo vamos a crear desde lo cotidiano, desde el cambio interior. Desde el “útero”.

- Yo confío que en el futuro haya mujeres encuadradas en “otra política”, en contacto con su propia esencia y que piensen y vean el mundo y “hagan” de otra manera.
- Esa es la idea alrededor de la cual surgió este libro. Que cada mujer pueda recuperar el recuerdo de sí misma, de quién es verdaderamente y de su propio poder. Realmente las mujeres no solo podemos cambiar el mundo sino que lo vamos a hacer. Hay un concepto que resume esto y que Lynn Andrews (autora de “Mujer Chamán” y que es también una de mis maestras) tomó de sus guías, que son chamanas de culturas originarias. Ese concepto dice: “Una guerrera femenina sabe cómo usar su energía. Por ser una mujer en esta vida orientada hacia el hombre ella está cambiando la dirección de la corriente. Solo por ser una mujer en esta posición. Cuando suficientes mujeres naden en contra de la corriente, ellas cambiarán el sentido de la corriente para siempre”.

- ¿Cuál es el arquetipo para la mujer de hoy? Porque las mujeres tenemos que ser sensibles, femeninas, bellas, vulnerables, buscamos protección… qué más?
- ¡Eso es estereotipo puro! Realmente estamos frente a unos actos de soberbia espantosos tratando de mejorar lo que la Divinidad ha creado a través de cirugías horrorosas, dietas imposibles… Creemos que podemos mejorar el cuerpo que nos ha sido dado por alguien superior. Hay una gran belleza en las canas, en las arrugas, en nuestro cuerpo tal como es. Son las marcas que certifican que hemos vivido. Ellas resumen la historia de nuestra vida y nuestro aprendizaje. Estamos todo el tiempo tratando de negar el dolor, de negar lo que es. De ese modo nos estamos negando nuestra posibilidad de crear, de aprender, de crecer, de ser de un modo profundo. Pero no podemos negar lo que somos. Es una ilusión creer que podemos hacerlo. El problema que tiene esta sociedad es que la gente se odia bastante a sí misma, no se acepta porque no se conoce. Y en esto tienen mucho que ver las enseñanzas religiosas patriarcales, porque nos han inculcado que somos pecadores y no merecemos nada. Es cierto que no sabemos hacer bien muchas cosas, pero tampoco tenemos que flagelarnos. Oscilamos de un extremo a otro entre el egocentrismo y la falta de autoestima. Porque la omnipotencia también tiene que ver con la falta de autoestima. Las personas autoritarias necesitan creer que son mejores y someter a otros. Pero lo cierto es que no podemos huir de nosotros mismos.

    Es por esta razón por la cual también la cirugía estética es adictiva. Después de una primera operación, la persona que no se ama a sí misma ve a una persona muy diferente frente al espejo, y en principio se siente feliz. Pero luego se acostumbra a su nueva imagen y vuelve a ser “ella” otra vez, entonces necesita ir renovando una máscara tras otra para no tener que encontrarse frente a su verdadero rostro, al que supone falto de divinidad. Pero la chispa divina en nuestro interior nunca muere y cuando nos permitimos verla, comenzamos a recordar y a sanar. No es fácil a veces el camino porque hay que pasar inevitablemente por esos lugares de dolor que preferiríamos no ver. Pero es importante pasar por ellos de un modo consciente para que definitivamente podamos dejarlo ir.

- Nuestro mundo está agonizando de ceremonias sagradas como las fogatas de San Juan, las ceremonias de la primavera, el carnaval… cada vez tenemos menos ceremonias… ¿Por qué?
- Yo creo que es porque estas ceremonias han sido desvirtuadas. Todas ellas se originan en antiguos festivales sagrados que la gente celebraba naturalmente y no porque estuvieran en ningún almanaque obligado. San Juan es para nosotros el Solsticio de Invierno, en el Hemisferio Norte, el Solsticio de Verano. Ambos momentos marcan un cambio de energías muy importante. Para nosotros, el Solsticio de Invierno es el fin de año y no como lo celebramos habitualmente en el verano, siguiendo lo que hace la mitad del mundo que vive en el Norte. Esto no responde a la naturaleza y eso hace que se conviertan en ceremonias sin ningún sentido para la gente. Son vacías. Lo mismo sucede con los carnavales o con la Pascua, que tendríamos que celebrar en la Primavera. El verdadero significado de los huevos de Pascua es la simbología del renacimiento que se produce en esta época del año. El huevo simboliza todo lo que aún no está manifiesto pero que tiene toda la potencialidad de ser. Al decorar los huevos ponemos en ellos la intención de lo que queremos ver nacer… Por otro lado, en el Solsticio de Verano celebramos la plenitud, es cuando los frutos están bien jugosos y maduros. Estas fiestas además tienen que ver con las etapas de la vida y los ritos de pasaje. En el verano las mujeres celebramos la plenitud de nuestra fertilidad. Las festividades actuales fueron alteradas por nuestra “cultura” y de ese modo ya no tienen ningún sentido para nadie. Se han convertido en meras formalidades despojadas de su sentido sagrado.

- En tus cursos y talleres, como el que ofreciste en la librería Homo Sapiens y los del Centro Cultural Kier, no solo enseñas a utilizar las cartas de tu libro sino también cómo celebrar rituales, cómo hacer altares… contame un poquito de qué tratan.
- La idea es poder darles ideas para que puedan retomar el espíritu de estas costumbres ancestrales. Cuando recuperamos la magia comenzamos a aprender cosas nuevas y también a recordar muchas otras cosas que en realidad son propias de la mujer. Al volver a conectarnos con estas funciones, las mujeres nos recuperamos a nosotras mismas.

    Cada celebración tiene un sentido. Tiene que ver con las etapas de la vida y con distintos aprendizajes de vida. Nos ayudan a conocer lo que necesitamos dejar ir y lo que necesitamos recibir y cultivar en nuestra vida. Nos ayudan a mejorar nuestras relaciones familiares y en especial las relaciones entre madres e hijas y abuelas y nietas.

    Tenemos que empezar a transitar este camino de nuevo, es un camino que recorrimos hace mucho tiempo pero que hemos olvidado y tenemos que recuperar. Nos resulta un poco difícil porque tenemos que volverlo a descubrir y es por eso que las cartas de las Diosas son una herramienta que puede ayudarnos mucho. Como ellas nacieron de lo más profundo del inconsciente hablan un idioma universal y permiten que cada persona pueda mirarse en ellas como en un espejo y volver a recuperar lo mejor de sí.

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